Aprendiendo a mirar.
Cómo terminé escribiendo sobre las personas que me construyeron.
Hoy me levanté motivada. Me vestí de rojo y me puse mis zapatos favoritos.
Di por terminada la pieza #2 mientras bebía mi té caliente. Ya quiero ver estos textos en un libro físico.
Envíe mi última pieza para la antología, después de trabajar en ella por varios días y gozarme cada paso, entre risas y lágrimas.
Siempre supe que escribiría un libro. Lo sabía incluso antes de incluirlo en la bucket list en Business Academy. No sabía como, no sabía en que momento, pero sucedería. Y estamos en la recta final.
Se hará realidad. Y eso expande mi corazón.
Creí que mi primer libro sería un poemario.
Cuando Iván enfermó mi sistema procesó todo a través de la escritura. Fue cuando más escribí en mi vida. Llevaba una libreta pequeña a todos lados.
Tengo una buena colección de poemas que un día conocerán al mundo.
Pero esto, es distinto.
Hace un par de meses decidí ser parte de un programa que se llama “Escuela de Artesanas” x Camila Landavery. Y ha sido un rayo de luz en medio de un 2026 caótico y doloroso. Tomar en serio mi escritura se sentía lejano, como si fuera una realidad alterna.
Recuerdo decir;
—Soy muy mala con la narrativa.
En realidad soy muy mala reconociéndome.
Hoy día disfruto narrar; disfruto escribir de los demás, de lo que observo, de lo que vivo, de lo que escucho, de mis memorias de niña, de los días difíciles, de los momentos que más nos han golpeado, de los instantes que parecen regalos divinos, de mi infancia y de la gente que ocupa un espacio en mi corazón.
Escribir. Es la manera en la que mejor sé demostrar mi amor, mi cariño, mi admiración.
Decidí salirme de los journals, para escribir más allá. Describir, analizar, desglosar, tachar, re-escribir.
He escrito muy pocas cartas a mano en mi vida. Las pudiera contar.
Cuando inició el programa, no me imaginaba lo que saldría, decidí comenzar sin ninguna expectativa. Pero sí con la idea de escribir versos y poemas.
Estoy sorprendida.
Terminé entregando dos mini cuentos. Cuentos que no nacieron de la ficción, cuentos que nacieron de la memoria.
Regresé a ver fotos, sumergirme muy dentro de mis recuerdos para terminar con dos piezas literarias que serán parte de una antología colectiva como resultado final de la “Escuela de Artesanas”.
Escribí sobre “doña Soco”. La mujer más dura, con los pies de plomo.
Escribí sobre “el Chino”, “El tío”, “Kike”, al que yo le llamé “Papá” toda mi vida.
En algún momento pensé que iba a aprender a escribir. Y terminé aprendiendo a mirar.
Con lupa, cada detalle, cada textura, el olor, el ambiente, el color.
Esa es en definitiva mi parte favorita.
No fue intencional escribir sobre mi familia. Hubo un eje desde el inicio, y en medio de las revelaciones todo se mostró. Terminé escribiendo sobre las personas que me construyeron.
Y ahora, más que nunca me la estoy creyendo. La frase de “estoy escribiendo un libro” es más real de lo que nunca imaginé.
Me gusta, me reta.
Prometo compartirte el link de compra apenas se haga realidad.
Te lo debo y me lo debo.
Ver mi nombre en un libro colectivo, compartiendo espacios con escritoras igual de especiales, con una voz extraordinaria, es un regalo.
Me levanto de la cama y pienso.
—¿Qué voy a escribir hoy?—Emocionada de vivir.
Escribir es mi forma de agradecer, por estos ojos, por estas manos, por este cuerpo, por esta experiencia y por todos y cada uno de los aprendizajes y vivencias que son parte de mi historia.
La antología aún no tiene nombre. Pero tiene un alma que te encantará conocer.
Promesa.
Con amor, Friné.
Gracias por estar aquí y honrar mi escritura.



Que emoción, amo que estés siendo parte de ese espacio, he tomado un par de talleres con Cami y es lo máximo. Animarnos a escribir y contar un poco de nuestra vida siempre valdrá la pena. 💌